
Larry Whitten llegó a este rincón del norte de Nuevo México decido a revivir un hotel venido a menos, usando las mismas fórmulas que tanto resultado le dieron en el pasado.
Lo primero que hizo este enérgico ex marine fue fijar nuevas reglas, incluida la prohibición de que los empleados hispanos hablasen en español en su presencia, porque pensaba que hablaban mal de él. También les dijo a varios que adoptasen nombres en inglés.
Martín pasaría a llamarse Martin (con acento en la a). Marcos sería Mark.
En el pasado Whitten reflotó otros hoteles con medidas de este tipo. Este texano de 63 años, no obstante, no estaba preparado para lo que le esperaba en Taos.
Sus normas y el despido de varios empleados hispanos causó tremendo malestar en esta localidad bastante liberal de 5.000 residentes al pie de las montañas Sangre de Cristo, donde abundan las personas anticonvencionales y hay una gran tradición hispana, con una fuerte presencia del español.
No hay comentarios:
Publicar un comentario